Díptico
Viernes, 4 Julio 
Se conocen como dípticos ciertas placas de marfil, madera o metal, decoradas con relieves o pinturas y unidas de modo que puedan plegarse al modo de las tapas de un libro. Si constan de tres hojas, se llaman trípticos y si tienen más, polípticos.
Por extensión, se llaman también trípticos y polípticos los cuadros divididos en compartimientos de manera que imiten los verdadeross trípticos aunque sean de notables dimensiones y no puedan plegarse.
El uso de los dípticos estuvo muy en boga entre los romanos como libritos de notas y como artículos de lujo para aguinaldos. De ellos, los más notables que se conservan son los llamados consulares, que solían dar los cónsules del imperio como aguinaldo a otros personajes y a los amigos a principios de año.
Tienen adornada con relieves la parte exterior de las tablitas figurando de ordinario el retrato del mismo cónsul en actitud de presidir e inaugurar los juegos públicos, arrojando al circo la mappa o pañuelo que lleva en su mano. Todos los dípticos de este tipo que se conservan son de marfil y de estilo bizantino, propios del siglo V y primera mitad del VI, siendo uno de ellos el del cónsul Apión, año 539, que se conserva en la catedral de Oviedo. Hay, no obstante, algunos otros dípticos romanos, más antiguos y sencillos que fueron de uso particular o de magistrados inferiores.
Adoptando la Iglesia desde los primeros siglos la costumbre romana, tuvo sus dípticos eclesiásticos, adornados por fuera con asuntos religiosos y dispuestos por dentro para inscribir en ellos (ya grabándolos en la misma lámina o escribiéndolos sobre hojas de pergamino allí adheridas) los nombres de personas beneméritas ya de la jerarquía eclesiástica y civil ya de mártires y de fieles difuntos que debían tenerse presentes en la Misa.
Había dípticos de vivos y dípticos de difuntos que se leían durante la Misa y de esta costumbre, que duró hasta el siglo XII en la Iglesia occidental y hasta el XV en la de Oriente ha quedado el recuerdo de los Mementos en el Canon de la misa y han resultado los calendarios, martirologios y necrologios eclesiásticos.
